
DÍA DEL PADRE
Celebramos este domingo el Día del Padre. Como
toda celebración tiene un sentido que es bueno recordar para no quedarnos en el festejo exterior, que es importante, pero no lo fundamental. Valorar la figura del padre, además de ser un acto de afecto y de justicia, tiene un significado cultural y pedagógico en la vida de los hijos y de la familia que quisiera destacar.Si bien el dato biológico de la paternidad es un hecho de la misma naturaleza, la importancia del Padre dice referencia no sólo al comienzo de la vida sino a su desarrollo y cuidado. Ser padre es una vocación para la cual hay que prepararse. En la búsqueda de igualdad corremos el riesgo de no valorar lo distinto. La paternidad se distingue de la maternidad. Esto no significa negar la igual responsabilidad que les cabe frente al hijo. Distinguir no es separar u oponer sino, en este caso, simplemente valorar la riqueza de cada persona en la unidad y complementariedad de una misma tarea.
Tanto la paternidad como la maternidad se dicen por referencia al hijo. Es él quién necesita y tiene derecho a un padre y a una madre. Ciertamente, cada época muestra modalidades en el modo de ejercer estas funciones, se va recreando la manera de vivir esa función de ser padres, pero siempre, y esto es lo importante, sobre una base que no cambia. No se trata de oponerse a los cambios que se van produciendo, sino de encontrar el verdadero sentido del cambio que no desnaturalice la esencia de las cosas. No se si vale la comparación, pero diría que es como una obra de arte musical en la que no hay que cambiar la partitura, sino enriquecerla en cada interpretación, en cada época.
Como homenaje al Día del Padre marcaría algunas notas que definen esta misión que es compartida. Hablaría del talante paternal como de una actitud existencial. En primer lugar señalaría la importancia de su presencia, que es la que crea un ámbito de seguridad y permite a la vida desarrollarse en un clima de confianza. Esta presencia a veces es palabra, otras es silencio que acompaña. La figura del padre es expresión de un amor que protege y respeta la libertad, por ello abre horizontes y valora lo distinto de una vocación. Es propio de su amor la exigencia, porque busca el bien del hijo y sabe poner límites; un amor que no exige termina siendo demagógico y cómplice.
Finalmente la figura del padre, junto a la de la madre, explica de un modo natural el misterio de la vida para sus hijos. La imagen del padre permite descubrir y desarrollar la dimensión e identidad sexual de sus hijos como algo natural. Estos breves rasgos van definiendo, pienso, parte de ese talante que he llamado paternal, y que hace del padre una referencia única y necesaria en la vida de la familia.
En este día quiero elevar una oración de gratitud por la presencia y entrega de tantos padres en el ámbito de su familia, como también por aquellos que ya no nos acompañan, pero que han dejado en nosotros el testimonio de ese talante que tanto bien nos ha hecho. Reciban de su Obispo mi bendición de Padre en el Señor Jesús.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz




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